El amor no va de casting

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Sabemos que los seres humanos estamos diseñados para ser amados y los objetos para ser utilizados. Pero entonces, ¿por qué nos dedicamos a amar a los objetos y a usar a las personas?…¿qué nos está pasando?.

En nuestra sociedad consumista hemos ido creando maneras de relacionarnos tan superficiales que resulta tremendamente difícil establecer vínculos auténticos con otras personas. Consumimos comida (mucha y bastante insana), consumimos objetos (la mayoría que no necesitamos) y consumimos relaciones (que casi siempre nos alejan del amor).

Lo cierto es que desde hace tiempo ha cambiado la forma de buscar una relación afectiva o íntima con otra persona. Las aplicaciones web y las de los móviles han modificado totalmente el escenario típico de las discotecas y otros lugares de encuentro. La búsqueda por catálogo de hombres y mujeres se ha extendido considerablemente.

Y así el mercadeo de relaciones ha instalado en muchas personas la creencia de que tener una relación de pareja estable y auténtica es prácticamente imposible. Y nos vamos conformando con relaciones mediocres por miedo a estar solos o vamos enlazando unas con otras con el objetivo más o menos consciente de sentir que somos amados, aunque no sea cierto.

Hacemos casting y nos prestamos a él una y otra vez a través de una pantalla o incluso en directo, realizando un cuestionario desgastado y absurdo a la persona con quien nos hemos citado. Sacamos el “amorímetro” (irónicamente test medidor de la idoneidad de una persona para ser amada) para comprobar si él o ella es digno de nuestro tiempo y de nuestro amor. Y además ponemos sutilmente barreras protectoras, no vaya a ser que descubran nuestro lado marrón.

La realidad es que buscamos placer superfluo fuera porque no tenemos placer genuino dentro de nosotros. Y mirar esto duele mucho.

Pero mirémoslo de frente y dejemos ya de anestesiarnos. ¿En qué momento tomar un café se ha vuelto más íntimo que acostarse? ¿De que tenemos tanto miedo?. Pareciera que estamos alimentando eso de lo que queremos escapar, que fomentáramos quedar atrapados en una vida en soledad.

No atraes aquello que deseas, sino aquello con lo que sintonizas. Wayne Dyer

Llegados a este punto, es crucial saber la importancia de tener claro qué somos y qué no somos, para atraer a iguales, sino atraeremos a opuestos (que nos sacarán lo que no queremos ver o no sabemos de nosotros mismos) para de esa manera conocernos, saber quiénes somos realmente. Somos seres relacionales y así funciona la vida.

A esto le sigue el necesario aprendizaje de amar eso que somos, de ser verdadera y serenamente felices con ello.

Y si deseas tener éxito en las relaciones, tienes que ser tú mismo. De lo contrario, puedes atraer a alguien que se enamore de una persona que no eres, y eso te aleja de la relación auténtica que te mereces y también de tu propia felicidad.

Conocerte y amarte es la clave y la base para una conexión auténtica, para una relación a otro nivel.

Así que descubre tus fortalezas y tus defectos y abrázalos. Eso marcará la diferencia. Las mujeres y los hombres deseamos, cada vez más, relacionarnos con personas de verdad, no con los peterpanes y campanillas de turno.

Y sé capaz de mostrar tu vulnerabilidad, las cosas que te duelen, que te afectan, cómo te sientes, tus dificultades de vida y lo que haces para superarlas.

Abrirnos de esa forma nos permite conectar muy profundamente con otras personas; el otro también te abrirá su corazón. Prueba a decirle en la cercanía a otra persona cómo te sientes y verás la magia.

Y una pequeña recomendación: aprendamos a volcar estos detalles en nuestra carta de presentación para ese primer impacto al conocer a alguien….que tiene que ver con mostrarnos de una forma sincera y valiente. La seguridad y la serenidad al hacerlo llegan por añadidura y eso si que es un verdadero imán para la otra persona, que además de ese modo va a conectar contigo o no de forma clara.

Igualmente incrementarás muchísimo las posibilidades de atraer a alguien que se muestre honesto también, por pura sintonía. Y si además compartís inquietudes, valores y deseos, una relación fluida y auténtica podría comenzar.

Nunca hay garantías de que conectes con alguien cuando te encuentras por primera vez, lo que es evidente es que vas a tener un impacto en ella (y ella en tí) que puede tener resultados en el momento o ser una semilla para el futuro.

No olvidemos que esa persona también tiene un entorno (amigas, amigos, familiares y otros) y con una primera impresión de este tipo, aunque no suceda algo especial con ella, es muy probable que su círculo reciba una opinión bella sobre ti, y así tu área de influencia auténtica y tus opciones para conocer a la pareja que deseas, también crecerán.

No lo olvides, el amor no va de casting, va de conexión.